La Cueva del Chango

Dueños auténticos, ubicación incomparable, arquitectura y diseño ejemplar y excelentes platillos sin igual

Publicado en: Riviera News Magazine, 2006

Por: Maria Azanza

Con la sonrisa franca y la mirada tranquila; Andrés y Pedro se voltean a ver mientras afirman lo que el otro dice, para después dar su propia opinión a lo que yo pregunto o comento.  Juntos, son los propietarios desde hace 5 años de La Cueva del Chango; un recinto de tranquilidad, equilibrio y conciencia ambiental, que respira en el corazón de Playa del Carmen.

Me refiero a este lugar como un área que respira; porque está lleno de plantas, árboles y flores, su arquitectura y vida silvestre complementan los aromas de la cocina y el sonido del agua que cae.  En el ambiente se percibe un conjunto de elementos únicos que debería dominar en la infraestructura de otros restaurantes, calles, casas, departamentos y hoteles de Playa del Carmen.

Desde su punto de vista en Playa no hay un concepto único, no hay un estilo marcado de hacer las cosas, el concepto es el no concepto y estoy totalmente de acuerdo con ellos.  La arquitectura y diseño de este nuevo destino turístico, son tan versátiles como la gente de sus calles y su clima, pero desgraciadamente en este no concepto muchas veces se cuelan estructuras no muy bellas y que destruyen gran parte de la naturaleza.  Ellos creen que con las plantas visten los edificios, lo verde lo hace ser más bonito y desgraciadamente los grandes desarrollos no contemplan dentro de sus planes muchas áreas verdes.

La Cueva del Chango existe desde hace 7 años y se llama así porque en el terreno de atrás hay muchas cuevas.  Este restaurante empezó con la idea de ser un café y vivero, lo diseñó quién ahora vive en la propiedad vecina.  Se buscaba una alternativa a la palapa; casi la misma estructura, un poco menos puntiaguda, es decir; innovar, pero sin romper con la forma particular que tienen y lo representativas que son de los destinos de playa.  Jugaron con las formas y materiales de construcción para darle movimiento, luz y un diseño meramente auténtico y convirtieron este lugar en un claro ejemplo que nos muestra la utilización práctica que pueden tener productos que casi siempre son desechados, removidos o ahuyentados; botellas de cristal, troncos chuecos, naturaleza endémica y hasta fauna salvaje que llega de visita y se queda para que nazcan y crezcan sus crías.

Cuando les pregunto cómo ven el crecimiento y cambio que el hace no muchos años pueblo pesquero está experimentando, Andrés responde: “Es un cambio inevitable” – con voz suave y sonrisa agradable -, al tiempo que bebe café y constantemente mira alrededor para estar al tanto de lo que sucede en su recinto único.  Sin embargo recuerdan con añoranza lo alejados que estaban del pueblo hace apenas unos años: “la Avenida 38 era terracería, había que subir a la 10 para llegar al pueblo”, comentan.  Y se enorgullecen mientras afirman que el lugar en sí mismo te llama la atención y los hace ser particular  entre tanto desarrollo, entre tanta construcción, ya que están seguros que pocas propiedades en Playa podrían ser utilizadas para algo así; un jardín real, un área amplia, mesas separadas y la naturaleza en todo su esplendor a tu alrededor.

Como clientes y como propietarios, Andrés y Pedro saben lo que la gente quiere y el restaurante necesita; tal vez una mejor distribución, o una cocina más grande, un platillo innovador, o áreas más frescas y amplias.  Pero siempre preocupados porque la magia y la esencia de La Cueva del Chango permanezca, preocupados porque las plantas sigan ahí, el agua siga corriendo, las botellas en el techo filtren la luz del sol y pinten de tonalidades distintas el ambiente, pero sobretodo, que los clientes regresen felices.  “Tu ni te darás cuenta de que hubo una remodelación” – dice Pedro mientras contesta el teléfono y sonríe a los clientes con sinceridad contagiosa.

Estos dos particulares habitantes de Playa han creado un estilo restaurantero que sirve como punto de comparación y ejemplo; características únicas y cocina mexicana natural de excelente calidad.  Lo que a la vez implica una gran responsabilidad y esfuerzo ya que todo es fresco, nada se almacena, el pescado y la fruta son del día, al igual que los vegetales.  Gran parte de la clientela viene frecuentemente, por lo que no debe sorprenderte que todos los días haya algo nuevo en el menú, pero que sigue la misma línea que los identifica a través de su originalidad y constante preocupación por la excelencia.

Así que no importa si pruebas la ensalada de frutas con yogurt y granola (que por cierto, la hacen ahí y es la mejor), los huevos rancheros, o las tostadas de atún; así vayas a desayunar, comer, o cenar; te sientes en el jardín o bajo la palapa, podrás gozar de la tranquilidad y deleite que La Cueva del Chango ofrece.


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